14 de diciembre del 2018

Lula da Silva se entregó y ya comenzó a cumplir su condena de 12 años

Después de un acto en el sindicato metalúrgico y una misa, rodeado por miles de sus seguidores que no querían que se entregara, el ex presidente fue llevado a Curitiba para cumplir su codena
Creado por: Radio Uno
08 de abril del 2018
Imagen: Facebook

Para la justicia y para la policía federal el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva se entregó a sus carceleros. Para él la figura fue bien diferente: “No tengo miedo, no estoy escondido y voy a presentarme en las barbas de ellos para probar mi inocencia”. Esta frase fue la que le permitió zanjar la distancia entre llo que debía hacer y lo que le reclamaba los manifestantes: “No se entregue!”. De todos modos nada le fue sencillo este sábado, que se inició públicamente con una misa y terminó con una multitud que le bloqueó el auto que lo llevaría a entregarse. Apenas horas después iniciaba su prisión y condena de 12 años y un mes.

Al ejercer la opción de “despedirse” de la masa de seguidores, el ex jefe de Estado logró recolocarse en el centro de la escena. Después de una homilía conmovedora, en honor a su mujer Marisa Leticia, el ex jefe de Estado intentó salir a las 17 horas rumbo al aeropuerto de Congonhas, en un auto particular. En cuanto a iba a salir, los manifestantes le cerraron el paso. Recién una hora después pudo ingresar una vez más al vehículo, para volar luego rumbo a Curitiba.

Sin embargo, eran las 20 horas y todavía se encontraba en trámites policiales en San Pablo. La aeronave que lo iba a transportar fue fletada por la propia PF. Por lo que trascendió, se trata de una máquina utilizada por esa fuerza para el traslado de autoridades nacionales. El homenaje a su mujer, fallecida en 2017, se inició con una hora y media de retraso. Ella iría a cumplir 68 años. Sus hijos, que lo habían acompañado desde el primer momento de su atrincheramiento en la sede del Sindicato de Metalúrgicos del ABC, se mostraron conmovidos y, según se afirmó en el entorno del ex mandatario, lloraron junto al padre.

Fue en ese contexto que el líder del PT decidió despedirse de la masa de seguidores con un discurso preciso. Acusó al juez Sergio Moro, quien lo condenó a 9,5 años de prisión y al tribunal de Porto Alegre que amplió esta sentencia a 12 años, de albergar “un sueño de consumo”: el de “impedir que Lula vuelva. Porque para ellos los pobres no pueden hacer política”. El ex mandatario recordó, también, que tuvo oportunidad de asilarse en Uruguay: “Llegué muy próximo a la frontera con un grupo de compañeros que me decía: Lula huya a territorio uruguayo. No quise. También me decían que me asilara en las embajadas de Bolivia, de Rusia y de Uruguay. Tampoco acepté esa alternativa. Voy a cumplir el mandato (de prisión)”.

Sus palabras apuntaron en contra de un sistema judicial que, dijo, apenas lo había condenado a él. Inclusive le dio oportunidad de expresarse no solo ante sus seguidores sino ante los canales de TV que transmitían el acto. Fue ante esas cámaras que dijo: “No estoy en contra del Lava Jato. Por el contrario, siempre dije que no solo deben prender a los pobres sino también a los ricos. El problema es que no se puede juzgar bajo las presiones de la llamada opinión pública. Si usted quiere ser juez y votar, en el juzgado, según las voces de las calles, largue la toga y vaya a hacer política”.

La forma en que Lula quiso presentarse ante la policía federal de Curitiba fue negociada durante toda la noche del viernes y madrugada del sábado por la jefatura de ese organismo y los dirigentes del PT. En esas citas arreglaron que el ex gobernante sólo sería detenido después de pronunciar su discurso, a posteriori de la misa por su mujer. Los abogados tuvieron una última reunión con los agentes federales a las 8 de la mañana de este sábado. Y allí definieron la logística para llevar al dirigente al aeropuerto de Congonhas.

Uno de los temores de los directivos del Partido de los Trabajadores fue “la seguridad de Lula”, según dijeron. Por esa misma razón no prosperó la idea de buscar al ex presidente en la sede del sindicato metalúrgico. Tanto los federales como el gobierno brasileño de Michel Temer, que sin duda alguna presión debe haber ejercido sobre ese cuerpo de seguridad, temían un desmadre de la situación, en un momento de enfervorización de la multitud que estuvo todo el tiempo rodeando el sindicato. Como será la polarización del caso, que la policía tuvo que separar en forma preventiva a los militantes pro y contra Lula que se habían agolpado en las puertas de la sede curitibana.

También el juez Moro se vio obligado a evitar radicalizaciones. A tal punto que decidió suspender un decreto de prisión preventiva que debería haber empezado a regir después de las 17 del viernes, cuando terminó el plazo que le había dado al ex mandatario para que se presentara espontáneamente. Como no podría ser de otra manera, el propio Lula prefirió bajar “la temperatura”, frente a aquellos que postulaban una resistencia sin fin hasta el momento en que la policía federal decidiera intervenir. El ex ministro de Justicia José Eduardo Cardozo, que actuó como abogado de Dilma Rousseff durante el impeachment de 2016, había aconsejado la “calma” y, según se afirma, fue uno de los principales negociadores.

Durante el acto de “despedida”, Lula estuvo rodeado de sus compañeros más íntimos, entre ellos la ex presidenta Rousseff. A ella le dedicó varios elogios: “Dilma, usted fue acusada de todo: de inoperante, falta de capacidad politica y así por delante. Pero ella fue la persona que me dio un saber, que es mucho de lo que conseguí en la presidencia de la República. Estoy muy agradecido, desde el corazón, por su confianza, su competencia técnica y su calidad”. Al mencionar a su ex canciller Celso Amorim, que lo acompañó en sus dos mandatos, no pudo contenerse. Lula dijo de él: “Fue el mayor canciller brasileño de todos los tiempos, que llevó a Brasil al palco mundial”. En cuanto al sindicato que lo vio nacer como dirigente gremial y luego como político, el ex jefe de Estado recordó: “A ellos les debo mi conciencia. Esa fue primera escuela. Aprendí allí sociología, física, química, y mucho de hacer política. Sobre todo, cuando iba a las puertas de las fábricas a preguntar a los compañeros trabajadores cómo hacer las cosas en nuestro país”.







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