Aunque el clima está cada vez más frío, aún hay migrantes pernoctando en la plaza Grau de Tacna, zona – muy a pesar de los vecinos- convertida prácticamente en un campamento en donde sus ocupantes improvisan duchas y letrina al aire libre.
“Nosotros tenemos un mes en esta situación, yo quiero irme ya, pero no tengo pasaje, yo soy una chama enferma, tengo un tumor en mi cabeza, no puedo llevar este frío”, dijo a Radio Uno, Yorgelia Colina.
Ella es de nacionalidad venezolana, pero no quiere volver a su país. Y es que, junto a su pareja espera llegar a Colombia pues «para Venezuela no se puede ir (…) allá no hay nada tampoco”. Abandonó su tierra hace un año, pasó por Trujillo donde ya tenía un “trabajillo”, pero decidió viajar a Tacna para cruzar la frontera y tratar su enfermedad en Chile.
Negó ser ilegal. Sus papeles -dijo- quedaron mojados en Trujillo y por ello está atrapada en territorio peruano. Por el momento seguirá en la plaza subsistiendo gracias a la casa del migrante que le ha brindado un cupo de los pocos alojamientos que ofrece. Y con la esperanza de que se concrete el corredor humanitario del cual tanto hablan autoridades.