En un significativo pronunciamiento, monseñor Marco Antonio Cortez Lara, obispo de la Diócesis de Tacna y Moquegua, ha hecho un enérgico llamado a la unidad nacional y a la superación de la discriminación, enfatizando la trascendencia de las próximas Elecciones 2026 como una «gran oportunidad para corregir lo que no está bien».
Monseñor Cortez Lara subrayó que «la discriminación está de alguna manera recorriendo todo nuestro país», afectando a diversos segmentos de la sociedad. Explicó cómo se discrimina al pobre por su condición y al campesino, al pensar que el citadino es superior. De manera particular, el obispo destacó la situación de la persona de las zonas altoandinas, cuya migración hacia las ciudades principales en busca de progreso deja sus lugares de origen «despobladas». Esta discriminación, según sus palabras, «no nos deja caminar» como nación.
También hizo un firme llamado a la responsabilidad individual de cada ciudadano. Para Monseñor Cortez Lara, «cada persona es sujeto legítimo de su propia historia» y tiene el deber de forjarla en una sociedad plural, donde «ya no existen grupos». Destacó la necesidad de «recomponer» la idea de que «La patria grande es para todos», y que incluso en la «patria chica se puede hacer patria grande», superando dificultades.
Monseñor Cortez Lara mencionó a Tarata como un ejemplo de localidad que enfrenta «dificultades, sus desafíos» y «lamentos de no sentirse acogida». A pesar de ello, el obispo transmitió un mensaje de esperanza, afirmando que «todavía podemos mucho que hacer y debemos hacerlo». Instó a que acontecimientos como el actual sirvan para superar «las vallas que a veces nos ponen esta cosa de que siempre se ha hecho así, siempre se ha pensado así, siempre se ha hecho de esa manera», criticando esta mentalidad como algo que «no puede ser una manera, una forma que marque la historia de un pueblo».
Subrayó que «nadie está obligado a seguir cometiendo los mismos fallos» y que la libertad, tras haber superado un «síndrome postcautiverio», debe ser utilizada para «no hacernos la guerra entre nosotros, sino libres para unirnos, para poder aportar cada uno de nosotros lo mejor». Con firmeza, advirtió contra el individualismo: «si cada quien piensa en lo suyo, si cada quien hace de su tierra (…) su chacra, pues eso, seguiremos siempre en un círculo vicioso». Finalizó su intervención instando a leer la realidad «con los lentes de la fe, con el lente de la esperanza».











