La situación entre Estados Unidos y Venezuela se mantiene en una «tensa calma», mientras la administración del presidente Donald Trump continúa «creando el contexto para dar el paso final sobre Venezuela». El internacionalista y excanciller de la República, Miguel Ángel Rodríguez Mackay, analizó el escenario actual, señalando que la escalada del conflicto obedece a razones de narcotráfico y control geopolítico.
Así, indicó en conversación con Radio Uno, que inicialmente la retórica se centró en la lucha contra el narcotráfico, justificando la acción militarizada en que Nicolás Maduro está identificado como el «jefe de una banda de narcotraficantes». Sin embargo, el aspecto central para Washington es el ámbito geopolítico. Venezuela es uno de los países más ricos en petróleo del mundo, similar a Arabia Saudita. Estados Unidos busca frenar el flujo de ese crudo hacia China. Para la lectura estadounidense, no es posible que los chinos se lleven el petróleo «en sus narices» dentro del ámbito de influencia geopolítica de EE. UU., que es evidentemente el Caribe y Venezuela.
El excanciller destacó que la estrategia de Trump ha utilizado la técnica de la dualidad en la imagen, pues se refiere a Maduro tanto como dictador como «delincuente internacional». Esto ha generado una «legitimación internacional» para la acción militar estadounidense. Dicha legitimación permite a Estados Unidos saltarse el monopolio del uso de la fuerza que usualmente recae en el Consejo de Seguridad de la ONU, sin haber provocado censura internacional.
Hasta la fecha, la acción militarizada se ha concentrado en el ámbito naval, tal como se observó recientemente con las operaciones contra embarcaciones petroleras. No obstante, el experto se mostró «persuadido» de que el ajedrez de seguridad y defensa se cumplirá, esperando una fase marítima, una aérea y, finalmente, una fase terrestre.
La intervención terrestre se considera inevitable, salvo si Maduro «desiste y huye hacia algún país del mundo». EE. UU. ya habría decidido el derrocamiento de Maduro. Se anticipa que esta fase terrestre no será anunciada previamente, sino que «simplemente se actúa» en un momento muy cercano.
En respuesta, Venezuela ha acompañado sus embarcaciones petroleras con la fuerza armada. Rodríguez Mackay interpretó esto como una «jugada muy bien puesta por la inteligencia venezolana», buscando crear la idea en el Pentágono de que deben seguir evaluando el ingreso, a pesar de la enorme desventaja de poder que tiene Venezuela frente a Estados Unidos.
Impacto Migratorio
Ante una eventual intervención terrestre y el derrocamiento de Maduro, se espera que el fenómeno migratorio se revierta. Se estima que dos tercios de los más de 9 millones de venezolanos que han migrado buscarán retornar a su país.
Para acompañar el proceso de reconstrucción y reinserción internacional de Venezuela, el excanciller propuso que el Perú reactive el Grupo de Lima. Aunque el grupo fue creado inicialmente para llevar la democracia a Venezuela, ahora debería enfocarse en el «proceso de relanzamiento de Venezuela como estado nación», un rol que Perú podría liderar.
Asimismo, se abordó la posibilidad de implementar un corredor humanitario, impulsado también por líderes regionales como José Antonio Kast de Chile. El internacionalista afirmó que el corredor humanitario «sí es posible», siempre y cuando exista la voluntad política de los jefes de estado de los países concernidos, como Chile, Perú, Ecuador y Colombia. Aunque Perú podría coadyuvar, el liderazgo de este corredor debería recaer en Chile, ya que el problema migratorio en cuestión se ha producido en su territorio.
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