Internacional. El internacionalista y ex canciller peruano Miguel Ángel Rodríguez Mackay aseguró que China se ha convertido en el actor clave para evitar una escalada del conflicto en el Golfo Pérsico, debido a su influencia económica y energética sobre Irán.
Durante un análisis sobre la crisis en Medio Oriente y la próxima cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping en Beijing, el especialista afirmó que el gigante asiático posee la capacidad real de “flexibilizar” la postura iraní frente a la presión ejercida por Washington.
“Los chinos son los únicos que pueden hacer doblegar o flexibilizar a los iraníes”, sostuvo.
Rodríguez Mackay explicó que el poder de influencia de Beijing responde principalmente a su dependencia energética del petróleo que atraviesa el Estrecho de Ormuz.
Según detalló, cerca del 85 % del crudo que sale por esa ruta marítima tiene como destino final China, situación que convierte al país asiático en un actor determinante para la estabilidad del mercado energético mundial.
El analista señaló que una interrupción prolongada del tránsito petrolero afectaría seriamente el crecimiento económico chino, estimado actualmente en alrededor del 4.5 %.
“Más que la guerra como tal, será importante el pulso político-diplomático del encuentro en Beijing”, manifestó.
El ex canciller sostuvo además que Irán atraviesa una situación de extrema fragilidad política y económica, describiéndolo como un país “absolutamente atomizado” que busca desesperadamente alcanzar la paz.
No obstante, indicó que Teherán evita mostrar señales de debilidad ante Estados Unidos debido al temor de una ofensiva mayor contra su liderazgo político y militar.
Según explicó, mientras Washington exige un acuerdo nuclear definitivo y el control del Estrecho de Ormuz, Irán reclama compensaciones económicas por los bombardeos sufridos y el levantamiento de las sanciones financieras que afectan severamente su economía.
Rodríguez Mackay definió la relación entre Donald Trump y Xi Jinping como una “simbiosis político-diplomática”, marcada por la necesidad mutua de preservar la estabilidad económica global pese a sus diferencias comerciales y estratégicas.
A su juicio, la reunión en Beijing representa el ejercicio más alto de la llamada “diplomacia presidencial” y podría convertirse en el principal espacio de negociación para evitar que la crisis en Medio Oriente derive en una confrontación de escala mundial.
El especialista concluyó que las decisiones adoptadas por ambas potencias tendrán impacto directo en la seguridad energética, la economía internacional y el equilibrio geopolítico global.











