El Ministerio de Salud registró 2,457 intentos de suicidio en el Perú entre enero y agosto de 2026, según las cifras de vigilancia epidemiológica citadas durante una entrevista en Radio Uno. De acuerdo con la información difundida, alrededor de siete de cada diez casos corresponden a personas menores de 30 años.
El terapeuta familiar y especialista en Escuela de Padres, Freddy Valencia Vergara, explicó que detrás de un intento de suicidio suele existir una percepción de que las alternativas se han agotado. Por ello, consideró fundamental que familiares y amigos presten atención a cambios en el comportamiento y, sobre todo, generen espacios para escuchar sin juzgar.
Entre las señales de alerta mencionó expresiones de desesperanza, sentirse una carga para los demás, aislamiento, hablar de la muerte o de no querer continuar, cambios importantes de comportamiento, despedidas inusuales, entrega de pertenencias importantes y manifestaciones de angustia emocional intensa. Aclaró que una señal aislada no significa necesariamente que una persona tenga intención suicida, pero sí puede ser motivo para acercarse y preguntar cómo se encuentra.
Valencia remarcó que preguntar directamente a una persona si está pensando en hacerse daño no induce al suicidio. Por el contrario, puede permitir que la persona exprese aquello que está atravesando y facilitar que reciba ayuda profesional. Recomendó acompañarla y buscar apoyo de un psicólogo u otro servicio especializado, especialmente cuando existen señales de riesgo.
Durante la conversación también destacó el papel de la familia, las amistades y los vínculos cercanos como factores de protección. Señaló que expresiones como “soy una carga” pueden estar relacionadas con una percepción negativa de uno mismo y que es importante ayudar a la persona a reconocer que pedir apoyo no significa convertirse en una carga para los demás.
El especialista también habló sobre la importancia de la salud emocional desde la infancia y cuestionó que la educación se concentre únicamente en los resultados académicos. En ese contexto, planteó la necesidad de fortalecer habilidades como la empatía, la comunicación interpersonal y la capacidad para afrontar dificultades.
Finalmente, recomendó no esperar a que el problema se agrave para buscar ayuda psicológica. “Apenas te sientas mal”, fue su recomendación, destacando que acudir a un profesional de salud mental no debe asociarse con estar “loco”, sino con buscar herramientas para enfrentar una situación difícil y ampliar las alternativas cuando una persona siente que ya no las encuentra.











