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Perú enfrenta una preocupante disminución de hectáreas cultivadas de uva

Alan Watkin, presidente del comité vinícola de la Cámara de Comercio de Ica.
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Mientras la ciudad de Tacna se prepara para acoger el Sexto Concurso Nacional del Vino Peruano del 24 al 27 de septiembre, una sombra de preocupación se cierne sobre la industria vitivinícola nacional: la significativa disminución de las hectáreas cultivadas de uva en el país. Así lo manifestó el ingeniero Alan Watkin, presidente del comité vinícola de la Cámara de Comercio de Ica, durante la conferencia de prensa en el Museo Ferroviario, donde destacó que, a pesar del aumento en el consumo, la producción enfrenta serios retos.

El ingeniero Watkin expresó su honda preocupación, señalando que el gobierno nacional aún no ha realizado un censo vitícola, a pesar de los insistentes pedidos del sector. Esta falta de datos actualizados dificulta una comprensión precisa de la situación, pero las observaciones de los productores y los recorridos por las viñas son contundentes: «la verdad que han disminuido las hectáreas».

La principal razón detrás de esta reducción es la decisión de numerosos agricultores de reemplazar sus viñedos por cultivos más rentables a corto plazo, como la pecana o la granada. Entre los factores que impulsan este cambio se encuentran la falta de tecnología adecuada para los pequeños productores, problemas climáticos adversos que tan solo el año pasado, llevaron a una caída en la producción; el propio Watkin reportó una disminución del 25% en su producción, un golpe que los pequeños productores a menudo no pueden soportar.

Watkin recordó que, hace cuatro o cinco años, se estimaban unas 6,000 hectáreas cultivadas de uva en Perú, cifra que, según su apreciación, «yo creo que ha disminuido», lamentó a la vez de destacar que esto conlleva la pérdida de un legado histórico.

Aunque el consumo per cápita de vino en Perú ha experimentado un notable aumento, pasando de 2 a casi 3 litros por persona al año antes y después de la pandemia, respectivamente, este indicador positivo contrasta fuertemente con la contracción en el área de cultivo. Este desequilibrio subraya la urgente necesidad de políticas que apoyen a los productores y reviertan la tendencia decreciente en la producción de uva para proteger el futuro del vino peruano.

La vid es un cultivo de largo aliento, que requiere aproximadamente 18 meses para producir los primeros racimos. Esto significa que los agricultores necesitan un periodo de gracia de al menos dos años para poder invertir antes de programar pagos con la producción del tercer año. La falta de apoyo financiero condena a que «cada vez vamos a tener menos uva» y se acentuará la pérdida de la posición de Perú en el ámbito vitivinícola internacional.

A pesar de este panorama desalentador a nivel nacional, Watkin destacó una iniciativa positiva: en Tacna, el gobierno regional está invirtiendo en la propagación de más viñedos, una acción que celebró como un buen paso.

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