El Obispo de la Diócesis de Tacna y Moquegua reflexionó sobre su trayectoria desde su llegada del norte, la crisis de valores en la política y la necesidad de justicia social en el país.
Monseñor Marco Antonio Cortés Lara conmemora 21 años desde que fuera nombrado obispo coadjutor de la Diócesis de Tacna y Moquegua por el Papa Juan Pablo II, un camino que inició oficialmente con su ordenación el 4 de mayo de 2005. Con dos décadas liderando la Iglesia en el sur del país, el prelado realizó un balance de su gestión, marcada por una profunda conexión con la comunidad y una postura firme frente a la realidad nacional.
Natural de Lambayeque, Cortés Lara recordó su labor previa como rector del seminario de Chiclayo y capellán del penal de Picsi en épocas de terrorismo. Su nombramiento para Tacna fue, según sus palabras, un «cambio radical» que aceptó como un mandato de fe, similar al llamado bíblico de Abraham.
«El Señor ha sido bueno conmigo y me ha llevado por estos caminos en donde he aprendido tanto y he sabido madurar», expresó el obispo
Monseñor no fue ajeno a los conflictos sociales actuales. Se sumó a las oraciones del Cardenal Carlos Castillo por las víctimas de Colcabamba (Huancavelica), donde denuncias periodísticas señalan que jóvenes habrían sido ejecutados de forma impune por fuerzas del orden. «Cada vez que la dignidad del ser humano se pone en tela de juicio… siempre la Iglesia dará una respuesta», enfatizó, subrayando que la institución debe ser incómoda para el poder cuando este vulnera los derechos fundamentales.
Sobre el futuro de Tacna y Moquegua, el obispo abogó por una integración estratégica entre ambas regiones junto con Ilo y Arequipa. Criticó el localismo que impide trabajar proyectos comunes en agricultura y turismo. «Se puede caminar juntos a pesar de las diferencias; los problemas están para superarlos, no para que nos aplasten», señaló.











