La familia de Bartolomé Mamani Sosa, de 51 años, el obrero que murió aplastado por una gran roca mientras realizaba labores en Ilabaya, ha hecho un llamado público para que se realice una investigación exhaustiva sobre las circunstancias de su muerte. Su principal demanda se centra en esclarecer por qué se permitieron las labores en un terreno que presentaba riesgos evidentes debido a las condiciones climáticas.
La sobrina del fallecido, sostiene que, al tratarse de un consorcio, la obra debe contar obligatoriamente con ingenieros de seguridad encargados de evaluar la estabilidad del terreno antes de iniciar cualquier operación. Denunció que las constantes lluvias en la zona han humedecido el suelo, volviéndolo inestable, un factor que debió ser previsto antes de anclar maquinaria pesada a las rocas. «Han debido de ver la zona», manifestó, sugiriendo que hubo una omisión en la evaluación de riesgos profesionales.
Otro punto de profunda indignación para la familia es la negligencia en la comunicación por parte de la empresa. Según relató la sobrina, ningún representante del consorcio se comunicó con ellos; se enteraron del fallecimiento a través de un compañero de cuarto de la víctima alrededor de las 2:00 p.m.. Tras un penoso viaje, llegaron al lugar de los hechos cerca de las 8:00 p.m., encontrando el cuerpo de Bartolomé ya en la pista junto a los restos del derrumbe.
Bartolomé tenía años de experiencia en el sector construcción, operando winches y realizando trabajos de soldadura. Por ello, recalcan que el accidente se debió a que el anclaje de la máquina cedió por la vibración y la humedad del terreno, una situación que otros dos trabajadores lograron esquivar saltando a los costados, pero que no le dio tiempo de reacción a la víctima.











