Alberto Quintanilla, excongresista y miembro del directorio de Radio La Decana de Juliaca, indicó que la reciente visita del precandidato presidencial Philip Butters a Juliaca, Puno, y su posterior necesidad de ser evacuado por la Policía, es un claro ejemplo de la profunda indignación que persiste en el sur del Perú y la factura política que se cobra a aquellos que no han demandado justicia.
Para el excongresista por Puno, la fuerte reacción de la población no es casual. Se debe a que la gente está sumamente preocupada por la falta de resultados en las investigaciones de los 18 asesinatos que ocurrieron el 9 de enero de 2023. La gran mayoría de estos asesinatos se produjeron en Juliaca fuera del escenario de movilización cercano al aeropuerto.
La población está plenamente consciente de que los asesinatos se produjeron por disparos de bala compatibles con las armas de la Policía Nacional y el Ejército peruano, y no por balas artesanales como se sugirió en un momento. La situación se agrava porque las instancias del Ministerio Público a cargo de la investigación se han cambiado hasta siete veces, lo que impide el avance y la determinación de responsabilidades.
A esto se suma el antecedente de Philip Butters, pues -recordó- él había realizado intervenciones periodísticas en las que interrogaba por qué el gobierno no decidía «meterles bala» a la población. La comunidad de Puno sintió esto como un desafío y una demanda de mayor represión, no de esclarecimiento de los hechos.
La población rechaza la presencia de cualquier político que no se haya solidarizado con el pueblo o no haya exigido que se transparenten los hechos y se investigue. La gente siente que ciertos sectores políticos, empresariales y periodísticos no apoyaron la búsqueda de justicia.
“Considero que la decisión de Butters de presentarse en Juliaca fue provocadora. Él sabía que la población de Puno no estaba dispuesta a recibir a los políticos que respaldaron al gobierno de Dina Boluarte o no se solidarizaron con el pueblo. Se equivocó, no midió la reacción de la población ni la indignación que siente”, refirió.
Este intento de acercamiento se produce en un contexto donde otros políticos conservadores ya habían sido cautelosos. Recordamos que Keiko Fujimori, hace menos de un mes, tuvo una «entrada fugaz» en Puno, visitando solo los Uros y un distrito alejado, y no se atrevió a dar la cara. Butters, junto con Rafael López Aliaga, probablemente está intentando cubrir el espacio que dejará Keiko Fujimori en el escenario político.
La audacia de Butters de presentarse en Juliaca y asistir a un medio que, por reflejar la realidad, tiene una posición contestataria, ha significado un revés. Políticamente, no ganó.
Este incidente es un «campanazo». El Sur está dejando claro que no aceptará a quienes no estuvieron de parte del pueblo o respaldaron las declaraciones del gobierno. Las elecciones de 2026 van a estar muy polarizadas. La votación del sur se va a seguir radicalizando y va a ratificar su vocación de buscar alternativas de cambio, votando por sectores progresistas o de izquierda. El voto en el sur no irá a sectores conservadores; lo que le ha pasado a Butters es una factura para ellos.











