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IMPROVISACIÓN Y PROVOCACIÓN

Gonzalo Moya Cuadra

“La democracia es un abuso de la estadística (…) Yo no creo que la mayoría tenga razón, porque la mayoría de la gente no tiene ni idea de nada” (Jorge Luis Borges)

A contar desde el 11 de marzo Chile quizás comenzará a vivir uno de los períodos sociales más contradictorios e inseguros de su historia política post tiranía. El nuevo gobierno de extrema derecha (o conservador para ser más benevolente) sería un peligro constante y un gran riesgo para la democracia donde una inestabilidad político-moral, casi estructural, podría provocar nuevamente otro estallido popular similar al del año 2.019 que hizo tambalear al gobierno de Sebastián Piñera. La realidad nos muestra aparentemente un gobierno “progresista”, pero alejado de los designios históricos de aquella izquierda de la cual Salvador Allende tanto se enorgulleció por su calidad moral y su pragmatismo social e ideológico. El gobierno entrante será un tiro al aire, pues estará conformado en su mayoría por independientes sin experiencia política (algunos con serios problemas de orden ético), por
“técnicos” financieros que vienen del mundo empresarial lo que inevitablemente acarreará conflictos de intereses atentatorios a los principios de probidad y transparencia, por abogados, recalcitrantes pinochetistas, quienes defendieron al tirano cuando fue detenido en Londres por una orden de captura internacional emanada por el juez español Baltazar Garzón (defendieron
también a varios violadores de derechos humanos), “Desde luego la democracia es capaz de preservar a un pueblo del horror” (Ernesto Sábato), por tránsfugas o conversos (esta palabra vale aunque tiene un sentido más teológico) que se sometieron a la férula derechista, por personas sin bagaje intelectual o experiencia comprobada para ocupar cargos relevantes en importantes ministerios sectoriales y trascendentales para un país que cree aspirar a llegar al primer mundo.

Ergo, ¿ de qué estamos escribiendo ? Simplemente que es cosa de tiempo, todo es cuestión de tiempo, para que el nuevo gobierno comience a hablar de temas valóricos (que fueron desechados por estrategia política durante la campaña electoral), a desechar o derogar derechos sociales adquiridos (los de la mujer, por ejemplo), a favorecer a los empresarios poderosos rebajando impuestos, a descalificar o desvirtuar los derechos sexuales y de género, a retrasar la ley de eutanasia que se está tramitando en el parlamento o a inventar una problemática de cualquier índole para intentar derogar la ley del aborto en tres causales, (el futuro gobierno obviamente tratará de imponer una agenda religiosa, integrista, fundamentalista e intransigente) o a implementar una ley de amnistía para los violadores de derechos humanos que pagan sus culpas en el Penal de Punta Peuco, actual Centro Penitenciario de Til Til, condenados algunos a más de mil años de cárcel. Es decir, es una batalla cultural que la derecha, cualesquiera sea su denominación, autoritaria, misógina, racista, indolente, ecocida, intolerante, carente de lenguaje social, tratará de imponer a rajatabla. ¿ Qué podría ocurrir ? La futura oposición no está unida. Ergo, la lógica nos indica que el gobierno derechista entrante podría proyectarse más allá del período presidencial, “Sólo el mal puede llegar hasta un límite y reinar absolutamente” (Albert Camus), o sea, Chile podría transformarse en un país de derecha sometido a las incongruencias de la hegemonía estadounidense que impone una esclavitud consumista que conlleva desequilibrio moral o bien podría transmutar a una especie de gobierno con “democracia protegida” (término acuñado en tiranía) o democracia mentirosa, debida más que todo al analfabetismo cultural, tan en boga en este tiempo tan especial de informaciones mendaces, de comportamientos agresivos o de narrativas políticas confusas y tendenciosas “En esta
estúpida y tediosa época, lo más excéntrico que uno puede hacer es tener cerebro” (Oscar Wilde).

Síntesis apodíctica: En un gobierno anticomunista, desconectado de la realidad, la praxis y la ciencia políticas nos indican que sólo queda forzar con inteligencia y pragmatismo (incluso idealismo) la instalación de un nuevo proceso histórico, de sólida base transformadora y antiimperialista, que comprometa con entusiasmo, consecuencia y lealtad a una gran mayoría que sólo quiere ver a un país, a un continente, a un planeta, solidario, humano, distante definitivamente de la irrespetuosa retórica nacionalista (ya obsoleta) y de una falsa doctrina de seguridad que impone la superdictadura que sólo sirve de excusa para proteger los intereses del gran capital,” Todo lugar es aquí, y todo momento es ahora” (Dante Alighieri)