Tras las constantes réplicas registradas en Chimbote, el ingeniero Pedro Vázquez Heredia señala que la informalidad en la construcción y el incumplimiento de las normas técnicas ponen en riesgo la seguridad nacional.
La reciente actividad sísmica en el norte del país, que incluyó un movimiento de 6 grados en la escala de Richter y más de 30 réplicas, ha vuelto a poner bajo la lupa la fragilidad de las estructuras urbanas en el país. Según el ingeniero Pedro Vázquez Heredia, especialista en estructuras, los daños reportados en viviendas, colegios y centros de salud no son fortuitos, sino el resultado de construcciones deficientes y una alarmante falta de supervisión profesional.
Uno de los problemas centrales identificados es que los propietarios suelen prescindir de empresas constructoras calificadas, optando por contratar directamente mano de obra de construcción civil que, en muchos casos, realiza trabajos sin criterios técnicos adecuados. Esto deriva en deficiencias críticas como columnas delgadas, falta de vigas, zapatas mal dimensionadas o ampliaciones de pisos que no fueron consideradas en el diseño original.
Vázquez Heredia enfatizó que, aunque las municipalidades exigen un expediente técnico firmado por ingenieros civiles, sanitarios y eléctricos para otorgar la licencia de edificación, este suele quedar solo en el papel. «Solamente llegamos a cumplir el expediente para que nos den la autorización… y se acabó», lamentó el especialista, señalando que es una obligación legal que un ingeniero responsable supervise la obra para asegurar que se cumpla lo estipulado en el documento.
El peligro se acentúa por la ubicación geográfica del Perú, situado sobre el acoplamiento de las placas de Nazca y Continental. Existen cuatro puntos críticos de convergencia: uno cerca de Tacna y Arica, otro en Arequipa, y los dos restantes frente a las costas de Lima y Chimbote. El movimiento sísmico ocurre cuando estas placas, al intentar desplazarse una bajo la otra, encuentran «asperezas» o masivos rocosos que, al chocar con gran fuerza, liberan energía.
Ante esta realidad, el cumplimiento de las normas de diseño sismorresistente, como la E30, E20 y E70, es fundamental. Estas normativas no buscan crear edificios «antisísmicos» que eliminen el efecto del sismo, sino estructuras sismorresistentes capaces de mitigar los daños y evitar el colapso.
Finalmente, el especialista fue claro al indicar que, el país debe prepararse para eventos de gran magnitud que la ciencia aún no puede predecir con exactitud, pero que podrían afectar el sur del Perú o el norte de Chile. Sin una supervisión rigurosa y el respeto a las normas técnicas, las edificaciones actuales no podrán mitigar los efectos de un futuro terremoto de gran escala.











