El exanciller Miguel Ángel Rodríguez Mackay señala que la liberación de presos políticos en Venezuela no es una decisión unilateral, sino una respuesta al «miedo» y a la capacidad disuasiva de la administración estadounidense.
El panorama político en Venezuela ha dado un giro tras el anuncio del presidente de la Asamblea Nacional sobre la puesta en libertad de un número importante de presos políticos, tanto venezolanos como extranjeros. Aunque hasta el momento solo se ha concretado la liberación de un grupo reducido —incluyendo a cinco ciudadanos españoles y personas cercanas a la líder opositora María Corina Machado—, este proceso es visto por expertos como el inicio de una serie de concesiones forzadas por el contexto internacional.
A pesar de que las autoridades venezolanas sostienen que se trata de una «decisión unilateral», el internacionalista y excanciller peruano, Miguel Ángel Rodríguez Mackay, afirma que esta medida «desnuda el cumplimiento de un mandato, de una exigencia y de una presión de Estados Unidos». Según el especialista, los líderes del régimen venezolano actúan bajo un sentimiento de temor ante las posibles acciones estratégicas y tácticas de Washington, que ya ha demostrado su capacidad de alcance.
Rodríguez Mackay califica las cárceles venezolanas, específicamente Ramo Verde, como «la Bastilla del siglo XXI», argumentando que el hecho de liberar a personas encarceladas únicamente por su forma de pensar confirma de manera flagrante la violación de derechos humanos y la existencia de un sistema totalitario en el país caribeño. «La liberación de presos políticos confirma que Venezuela no era democracia», sentenció.
El análisis internacional no ignora los intereses económicos de fondo. Se destaca que Estados Unidos mantiene una clara intención de influir en el manejo del petróleo venezolano. Para lograr sus objetivos, Washington ha implementado una doctrina que califica a Nicolás Maduro no solo como dictador, sino como un «delincuente internacional», permitiéndole al país norteamericano aplicar medidas excepcionales bajo una lógica de poder mundial.
Esta estrategia es descrita como un movimiento de «realismo político» donde los líderes actuales de Venezuela estarían aceptando reglas impuestas en una mesa de negociación que, en la práctica, funciona como una mesa de imposición.
Respecto a las recientes declaraciones de Donald Trump sobre posibles acciones en otros países como México, Rodríguez Mackay sugiere que se trata de «estrategias verbales» y geopolítica comunicacional para generar desconcierto, diferenciando claramente estos casos de Venezuela. Mientras México y Colombia son reconocidos como democracias con presidentes elegidos por el pueblo, el caso venezolano se analiza bajo el prisma de un régimen que ha perdido legitimidad internacional.
Finalmente, el experto hace un llamado a países de la región, como el Perú, a observar este escenario como un espejo de la importancia de la capacidad disuasiva. Sostiene que la paz es el reflejo de una seguridad nacional sólida y de un Estado que sabe cuidarse mediante el fortalecimiento de sus fuerzas de defensa.











