El reciente hallazgo de una pinta con la amenaza de un arma de fuego en el colegio Innova School ha encendido las alertas sobre la salud mental de los adolescentes en la región. Para la psicóloga Elizabeth Lozano, este hecho no es aislado, sino el reflejo de diversos factores de riesgo presentes en un entorno social marcado por el desborde emocional y conductual de los jóvenes.
La especialista advirtió que muchos adolescentes se convierten en “infractores de su propia conducta” debido al desconocimiento de normas básicas de respeto e interacción social. Según explicó, este tipo de comportamientos suele responder a una necesidad de atención no satisfecha en el entorno familiar. “Si no recibo atención en mi familia, voy a intentar buscarla de otras formas, para hacerme ver y sentir”, señaló.
Lozano remarcó que los adolescentes atraviesan un proceso de reconstrucción cognitiva y formación de su personalidad, lo que los hace especialmente vulnerables. En ese contexto, pueden desarrollar la idea de que no existen límites claros, actuando sin medir las consecuencias sociales de sus acciones.
Uno de los aspectos más críticos, según la especialista, es el papel de la tecnología. “El celular es, prácticamente, la familia del adolescente”, afirmó, al indicar que muchos padres, enfocados en el trabajo y la economía, delegan sin control el acceso a contenidos digitales. Esta situación, sostuvo, puede influir negativamente en el pensamiento y comportamiento de los menores.
En esa línea, Lozano fue enfática al señalar que los adolescentes no deberían tener privacidad total en redes sociales. Instó a los padres a supervisar el uso de dispositivos, contraseñas y contenidos, e incluso planteó la necesidad de debatir una eventual restricción del acceso a redes sociales para menores de 15 años, con el fin de proteger su desarrollo emocional.
Asimismo, advirtió sobre la falta de profesionales en el sistema educativo, calificando como una “carencia grave” la ausencia de suficientes psicólogos en las instituciones. Explicó que el rol del psicólogo educativo es clave para detectar conductas disruptivas y derivarlas a una atención especializada en centros de salud mental comunitarios, donde intervienen equipos multidisciplinarios.
Finalmente, Lozano hizo un llamado a fortalecer la prevención y la conciencia social. “Necesitamos entender que somos mente, no solo cuerpo”, concluyó.











